Quedate en casa: de la utopía a la realidad de los hogares argentinos

Desde hace ya más de un año, convivimos al abrigo de un imperativo normalizado dentro de esta excepcionalidad: “Quedate en casa”. Un requerimiento que nos interpeló desde marzo de 2020 a cambiar nuestra rutina y a recluir nuestras actividades al interior de nuestros hogares. Expresión de fácil pronunciación, de difícil acostumbramiento, pero de imposible cumplimiento para más de tres millones y medio de hogares argentinos que sufren la deficiencia habitacional.

La pandemia del coronavirus ha tenido un impacto transversal en Argentina y provoca una crisis socioeconómica integral que nos ha obligado a mirar no sólo efectos sino causalidades, muchas de ellas con un origen muy anterior al del virus.

No ha sido la pandemia la responsable de provocar una exclusión diaria de actores invisibilizados y desprotegidos, sino la ausencia de políticas públicas efectivas en asignaturas pendientes desde hace ya mucho tiempo.

El escenario urbano, y sobre todo los conglomerados de nuestro país, han sufrido las graves consecuencias de combinar problemas estructurales, como la vivienda, con nuevas urgencias, como el confinamiento. Como resultado, aquella primera línea de defensa (la reclusión en los hogares) a la que el Presidente ha convocado tantas veces esconde tras de sí un escenario de desigualdades muy complejo. Quedarse en casa no es entonces tan simple como se exige.

Déficit Habitacional en datos

Un año antes de la declaración mundial de la pandemia del coronavirus, el Banco Mundial ya advertía que dos de cada tres familias en la región necesitaban mejorar sus viviendas, adecuándolas a estándares mínimos de bienestar y de seguridad. Estos cambios no sólo siguen pendientes, sino que se profundizaron.

Según datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda de 2010 (cuya actualización está pendiente por la pandemia), computábamos en el país un déficit habitacional superior a los 2,7 millones de hogares.

Tan sólo en el período comprendido entre 2010 y 2016, dicho déficit se incrementó a un ritmo de 160 mil hogares por año. A inicios de 2020, la problemática habitacional, que incluye a familias residentes en viviendas precarias, en situación de cohabitación (más de una familia por vivienda) o en hacinamiento (más de dos personas por habitación dormitorio), afectaba a un número que supera con amplitud los tres millones y medio en todo el país.

Más del 60 por ciento de estos hogares con alguna deficiencia se concentran entre las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, especialmente en los grandes centros urbanos; y aproximadamente cuatro millones de personas viven en los barrios populares distribuidos en todo el país con un muy reducido o nulo acceso a servicios básicos regulares.

Respecto de nuestra Córdoba, la provincia tenía hacia 2010 un déficit habitacional mayor a las 67 mil viviendas, y los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, publicados a inicios de 2020, muestran que esos datos han continuado deteriorándose y siguen la tendencia antes observada para el resto del país. Esas estimaciones muestran que el déficit habitacional afecta a 274 mil familias cordobesas. Si miramos un poquito más de cerca, tan sólo en el Gran Córdoba tres de cada 10 habitantes padecen estas deficiencias.

Acompañar el pedido

El déficit habitacional es un problema que viene agravándose en los últimos años y se ve favorecido por el deterioro social producido por la situación macroeconómica que el país atraviesa, y que empantana cualquier intento de mejora por parte de las familias afectadas.

La muletilla presidencial de “quedate en casa” ha invisibilizado el hecho de su imposible cumplimiento para miles de familias argentinas, para quienes la reclusión en sus hogares ha resultado más un problema que una solución frente a la pandemia.

En este largo y lento camino de recuperación, Argentina necesita decisiones estratégicas sinceras, que comiencen, primero, por mostrar realmente el problema; y luego, por generar medidas que trasciendan las gestiones políticas y que se instalen en el tiempo como políticas de Estado, antes que políticas de un gobierno.

El carácter transversal y multifacético de la problemática de la vivienda en Argentina requiere el alineamiento de las decisiones públicas en el marco de un abordaje a largo plazo, a través de acciones colaborativas y complementarias entre todos los actores responsables.

Para lograr esto, es necesario conocer y visibilizar la problemática, fortalecer los indicadores y la información disponible, promoviendo desde allí un compromiso que desborde lo político y se cimente sobre la generación de acciones y respuestas que perduren en el tiempo, y que, antes que debilitar, permitan multiplicar el valor de los esfuerzos que realizan el Estado argentino en todos sus niveles y el sector privado.

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