El Federalismo en pandemia

Al complejo escenario sanitario, económico y social que Argentina atraviesa, se adiciona un nuevo cuadro sintomático de debilitamiento institucional: el creciente empoderamiento de la figura del ejecutivo por sobre los demás poderes, la profunda embestida al órgano judicial y la pretensión de ordenar la agenda legislativa se completan con un olvidado federalismo.

La promesa constitucional de alimentar un modelo federal de gobierno cede ante la arraigada tradición de incumplir la constitución, asignándole a su contenido una simple expresión poética de deseos.

Así, el andamiaje de nuestro federalismo por el cual se reconocen 4 órdenes de poder (la nación, la ciudad autónoma de Buenos Aires, las provincias y los municipios) dotados cada uno de facultades interrelacionadas y en constante dinámica, se opaca ante un centralismo que olvida el interior del país.

La extensión del mapa político argentino se traduce en la práctica en un déficit histórico  del desarrollo integrado de todas las provincias y los municipios, provocando una profunda brecha entre todos ellos, y que el propio gobierno nacional parece invisibilizar y que los gobernadores replican luego hacia su interior.

Reorganización arbitraria de la coparticipación, programas de asistencia para municipios sin criterios claros de asignación, y un presidente que no traspasa los límites provinciales de Buenos Aires permiten explicar por qué los informes en cadenas nacionales y las principales noticias de los medios ponen muy por detrás a las restantes 22 provincias argentinas.

Acciones y leyes para un desarrollo económico integrado

El aislamiento social, preventivo y obligatorio decretado en marzo de 2020 lleva ya más de siete meses y junto con él, los principales índices del país han visto una desmejora.

Adquieren especial protagonismo el desempleo y la pobreza, compañeros inseparables que hoy se materializan en 2,3 millones de personas desempleadas (13.1%) y un 40 % de pobreza nacional.

Para poder contrarrestar los efectos de ambas variables debemos debilitar el centralismo político con políticas de descentralización y re-distribución: los incentivos deben ser ejecutados con lógica federal, comprendiendo las heterogeneidades de nuestro territorio, su idiosincrasia y ventaja comparativa para cada economía y la disminución de desventajas ocasionadas por la discriminación arbitraria de ayudas.

Esto, tanto a nivel nacional, como dentro de las propias provincias, quienes a través de sus gobernadores reproducen el desequilibrio y la inequidad distributiva, alimentando brechas y diferencias que hoy resultan insostenibles.

Para llevar adelante esta agenda de desarrollo federal, desde el Congreso de la Nación vengo trabajando en distintos ejes complementarios: equidad laboral, formación profesional continua, promoción y resguardo de la economía social y las sinergias regionales.

Muchas provincias argentinas, caracterizadas como de gran desarrollo económico e importantes núcleos de producción agro industrial, esconden tras de sí un profundo escenario de desigualdad y asimetrías interiores, tal como el arco norte cordobés donde se observan los peores indicadores sobre necesidades básicas insatisfechas, acceso a servicios y empleo, y que contrasta radicalmente con otros departamentos de gran desarrollo provincial.

En miras a generar herramientas que permitan un desarrollo equitativo, elaboré un proyecto para la promoción de inversiones en 10 departamentos cordobeses, buscando incentivar las zonas con menos crecimiento de la provincia, promoviendo la conservación de fuentes de trabajo y la radicación de nuevos emprendimientos capaces de debilitar la migración y éxodo de sus pobladores, especialmente los jóvenes.

La situación que atraviesa nuestra sociedad hace varios meses, y la dificultad económica que se profundiza día a día, hoy se sostiene mediante medidas de asistencia transitorias que no resuelven el fondo; de allí que los esfuerzos deben también ponerse sobre herramientas sostenidas de  disminución del desempleo, la pobreza y la desigualdad con una perspectiva de federal equitativa que reparen históricas asimetrías.

Es nuestro deber pensar en este país y sus provincias de forma conjunta, complementaria y en la simultaneidad del presente y el futuro, y confiando en que el ejecutivo nacional y también los gobernadores abrirán nuevos canales de diálogo que permitan coordinar medidas conjuntas.

En instancias en que transitamos un proceso de reconfiguración de las relaciones de poder en el mundo y dentro de nuestro país, el dialogo federal debe primar, repensando la importancia de incluir criterios para un desarrollo equitativo y solidario, con contenido social y que respondan fielmente a la realidad de las provincias y sus municipios; contemplando la fragmentación económica y social de todos los extremos del país.

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